Josefina se fue de viaje con su mamá, su abuela y sus tíos. No dio tiempo para armar bien su mochila, es que no sabíamos cuánto tiempo iba a durar su aventura.
Dejó en casa el mural donde está sentada en el jardín, rodeada de margaritas. Como esas flores le gustan tanto, y tienen el color y el perfume del sol cuando se pone en su pelo, se me ocurrió empezar a juntarlas para cuando vuelva. Cada día que no está en casa guardo una margarita. Al principio no sabía dónde ponerlas, pero me acordé de que en la mochila que se llevó no cupo su dormitorio, entonces empecé a guardarlas ahí. Primero arriba de su cama, luego en la casa de Pepa, pero a ella le molestaba porque estaba durmiendo o tomando el té con su hermano George. Son tantas que estoy pensando comprar un pizarrón y guardarlas todas ahí.
Hay noches que Geenie, la bebé llorona se hace pis en la cama de Jose, creo que es porque la extraña, la llevo al bañito, la lavo, la cambio y la pongo a dormir rodeada de peluches. Dejo la luz del baño prendida hasta asegurarme de que esté dormida.
Jose, hay días que los peluches se aburren, tomo prestada tu bici, el cochecito de los bebés y el carrito del super de juguete y los llevo a dar una vuelta manzana por el barrio. Los vecinos de enfrente me preguntan “y, cuándo vuelve la más linda”, “pronto, pronto” les respondo. Otros más despistados como los médicos que viven haciendo fiestas me dicen “vecino, se le perdió Josefina” y yo les digo “jaja, no, estoy paseando sus peluches, ella sigue de viaje”. A la cerdita que te regaló el abuelo la bañé, pero estaba tan sucia que la puse en la lavadora, antes le expliqué que no le iba a pasar nada y me quedé al lado hasta que terminara el lavado. Salió reluciente, es una palabra que usamos los adultos para decir que brillaba de limpia. Pero como toda cerdita traviesa se va al jardín y se ensucia, creo que en el fondo le gusta lavarse en el lavarropa.
Tengo la impresión de que la ropa se achica día a día, cuando te veo en fotos o en Whatsapp es cuando me doy cuenta. Busqué en libros y en internet alguna cura o una pócima secreta que evite que la ropa se achique. Como no encontré empecé a comprarte ropa más grande, a esta altura tu ropero, el que tiene forma de casita, está tan gordo que parece que va a explotar, cuando vuelvas vamos a tener que ir a comprar uno nuevo, uno más grande que nos guste a los dos.
Mientras estabas de viaje pasaron Papa Noél y los Reyes Magos, no sé qué les habrás pedido, hay bolsas de distintos tamaños, me muero por saber qué tienen adentro, pero voy a esperar a que vuelvas y las abras tú.
No encontré las cucarachas ni los caranchos, seguramente estén en otro lado, lo bueno Jose, es que, si no los ves, es porque no existen. ¿Sabés quién viene cada tanto?, Pachi, es la perra de Nati. Le damos de comer carne, papas fritas y cada tanto las croquetas de su bolsa. Sospechamos que pasa mejor con nosotros que en su casa, no estamos del todo seguros porque todavía no sabe hablar. Un sábado abrimos el portón y salió corriendo, la buscamos por todos lados, volvió sola a las dos horas, ¡que susto! Dice Nati que Pachi es una perra callejera, le encanta salir a pasear, pero siempre vuelve.
El tano trajo tiramisú y pasta casera de Turín, guardamos dos porciones de tallarines en el freezer, una para ti y otra para mí, porque, aunque pase el tiempo y la distancia, los spaguetti con tuco sigue siendo la comida favorita de los dos.
Hubo semanas que llovió tanto que no podía salir al jardín, días grises, días de tormenta y días de sol con lluvia. Lo bueno es que las margaritas son tan resistentes que no sólo aguantan las tormentas, sino que también salen más y con más fuerza. Luego de esos días feos junto las margaritas que me faltan, siguen habiendo una por cada día que estás de viaje.
Mientras dure el viaje agarrate fuerte para no caerte. Si te sentís perdida, podes mirar al cielo, como hace el Principito y buscar las tres marías. Acordate que del otro lado todas las noches las estamos viendo, están arriba del árbol de nuestro jardín.
Apurate en volver que tenemos que ir a “la Crinera” en Flores y de ahí un par de días después pasando por Durazno seguimos hasta Tiatucura, el pueblo de Paysandú donde están las “tías que curan”. Son 181 kilómetros, pero si contamos bien son más de 157 años desde que Giovanni Marco llegó a Uruguay. Vamos a tener mucho tiempo para hablar de esas cosas. Quizás a la hora de dormir podamos tejer juntos algunos de estos cuentos y guardarlos para escribirlos en la mañana.
En casa estamos ansioso esperando que llegues, hay muchas historias para compartir, esperamos las tuyas. Besos de Goldie, Juanfe y yo. Me voy a dormir, espero soñar contigo así me contas que estás haciendo estos días y cuanto crees que falta para que vuelvas a casa.
Felipe Caorsi
*Cuento escrito para el concurso "Los cuentos de Tiatucura"

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