LA CANDIDATURA ÚNICA YA NO ES UNA CUESTIÓN DE PRINCIPIOS - por Conrado Rodriguez



Hace unos años, el FA levantó entre sus inquebrantables banderas la candidatura única a la Presidencia y a las Intendencias como una cuestión cuasi moral. Los que atentaban contra este principio auto postulado, supuestamente eran los Partidos Tradicionales, quienes desarrollaban en su interna la confluencia de varias vertientes autónomas aunadas  finalmente por un mismo lema Partidario. El devenir histórico ayudó a que naturalmente convivieran vertientes ideológicas expresadas en Sectores o grupos políticos, que de alguna manera expresaban diferentes improntas dadas, o bien por sus líderes, o bien por una expresión ideológica a veces con asiento latinoamericano y otras con sustento mundial.

La izquierda de origen marxista en su comienzo no comprendía como podían convivir “Doctores y Caudillos”, “Conservadores y progresistas”, en el seno de los Partidos fundacionales. Ese hecho era mirado con desconfianza, porque la sucesión de elecciones les seguía otorgando el Gobierno Nacional, mientras que la ortodoxia ideológica intentaba despegar en las preferencias con muchas dificultades y con poco éxito.

Las disputas dentro del Partido Colorado y Nacional, eran finalmente dirimidas en las urnas, las que ponían a cada cual en el rol para ejercer el Gobierno en unos casos, y para integrarlo de manera minoritaria o ejerciendo al mismo tiempo la oposición en otros.  En todo caso, la unión se daba en el ejercicio del Gobierno, donde los problemas y su dilucidación ameritaban grandes ejercicios de transacción política.

El caso del Partido Colorado era especial, porque fruto de una profunda revolución democrática y civilista, Batlle y Ordóñez logró establecer que el eje de las decisiones políticas se realizaran a través de una construcción colectiva que seguía un proceso lógico de discusión en el seno de los órganos del Partido Político. De esa manera la tarea gubernamental tenía fuerte apoyo y sustento en las políticas definidas previamente por el Partido. Eso provocaba que el grado de fricción en el Gobierno luego fuera menor entre sus integrantes.

El tiempo fue pasando y la prédica del novel conglomerado de izquierdas se empezó hacer sentir hacia 1971. La izquierda de raíz marxista logró amalgamarse con grupos de otras vertientes ideológicas como los demócratas cristianos o grupos escindidos de los Partidos Tradicionales. Uno de los factores aglutinantes para grupos tan disimiles fue la candidatura única. En aquella elección el Gral (R)Liber Seregni, de origen Colorado, logró unificar lo que durante décadas estuvo desunido. Fue el candidato que se puso por encima de los sectores y sus intereses, pues se mantuvo alejado de la posibilidad de ser electo para integrar el Parlamento Nacional.

De ahí en más, la candidatura única pasó a ser AXIOMA para el Frente Amplio. Mientras tanto los Partidos Tradicionales seguían mostrando una diversidad en su interior, apoyados en la existencia de varios sectores, con sus liderazgos marcados, y sobre todo con la posibilidad de que cada uno podía postularse a la Presidencia de la República, ante la posibilidad que otorgaba el doble voto simultáneo (se votaba al Presidenciable y al mismo tiempo al Lema Partidario).

Esta diversidad les permitía desplegar una oferta muy variada ante la opinión pública, quienes podían elegir dentro de un mismo Partido, vertientes ideológicas que recorrieran todo el espinel –desde una izquierda democrática, pasando por la centro izquierda con impronta social, un centro consolidado que equilibraba, y hasta un puntero bien definido por la derecha. Esto los aproximaba a la concepción de Partido “Catch all”, donde todos estaban integrados.

El FA entendía que esto era uno de los factores por los cuales no podía vencer en las urnas, por lo que se dedicó a elevar al punto de AXIOMA MORAL la candidatura única. Aquellos que no lo cumplían eran seres inmorales que engañaban a la gente, puesto que muchas veces salía Presidente aquél que no había conseguido la mayor cantidad de sufragios comparados con las candidaturas individuales de los otros lemas partidarios.

En algún momento los Partidos Tradicionales comenzaron a sentir el peso de los reclamos en ascenso. Las situaciones económicas que no colmaban las expectativas de la gente a pesar de un notorio avance en las cuentas públicas, en los equilibrios macroeconómicos y en los estándares de vida, sumado a una crítica machacona y destructiva del Frente, fueron poniendo en tela de juicio muchas cosas, entre ellas las reglas electorales. 

En 1996, transacción mediante, decidimos cambiar las reglas de juego, y con ellas borrar parte de nuestra identidad como Partido diverso que se unía en la acción de Gobierno bajo el tamiz de los grandes valores que por agregación aluvional fuimos adquiriendo a lo largo de la historia. Un Partido nutrido por la corrientes inmigratorias europeas, por los criollos locales, por una clase media fuerte y pujante que daba posibilidad de ascenso, por las clases populares que sentían al Partido Colorado como su escudo y su esperanza, por un empresariado pujante que integraba y no agredía dividiendo…todo a cambio de seguir un AXIOMA que no nos era propio, ya que no formaba parte de nuestra esencia.

Decidimos encorsetarnos ideológicamente para gusto y beneplácito de un Frente Amplio que cosechaba su diversidad en su interna, sin reparar de la importancia de su candidato, ya que cada uno tenía su vida autónoma desde el inicio y no estaba dispuesto a claudicar de ella.
Hoy el Partido Colorado enfrenta problemas estructurales, que en principio no permiten la diversidad en la unidad. Es que nos hemos acostumbrado a seguir básicamente los mismos lineamientos sin percibir que el árbol da más sombra cuantas más ramas crezcan, y más alta sea su copa.

Aquel AXIOMA tan defendido, y elevado a la condición de dogma moral por el FA ya no lo es tal, porque en estos días se concretó la posibilidad de ir con varias candidaturas a la Intendencia Departamental de Montevideo, cosa impensable hace algunos años, aunque ya realizado en los Departamentos del Interior en anteriores elecciones.

El AXIOMA ahora es otro. Ganar a como dé lugar para conservar el poder, por el poder mismo. Y mientras tanto, los colorados, seguimos sintiendo vergüenza de lo que somos. Una construcción histórica y política, que reconocía las diferencias, las presentaba honestamente ante la opinión pública, que luego buscaba los mecanismos de consenso bajo el manto de las decisiones partidarias que seguían un mismo programa de Gobierno, basadas en los valores de siempre, cargados de una fibra emotiva dada por una historia sin igual.

Ha quedado demostrado que algunos nunca hicieron de esto una cuestión de principios y sí de oportunidad y conveniencia, mientras que otros decidimos tomarlo como propio cuando jamás nos perteneció. Sería bueno que aprendiéramos la lección; es hora que reconstruyamos nuestro futuro.

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Diputado electo por el Partido Colorado

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