El Uruguay y el "atraso cambiario"- por Felipe Caorsi


Hace un tiempo que se debate sobre lo caro que es nuestro país, lo poco competitivo que resulta y el valor del dólar. Vamos a analizar un fenómeno bastante común en la historia económica del Uruguay: el atraso cambiario. Este recurso ha sido recurrente —a veces deliberado y otras por shocks externos— y se utiliza principalmente para frenar la inflación. Históricamente, los tres períodos más severos y recordados de atraso cambiario ocurrieron en las siguientes épocas:

La época de «La Tablita» (1978-1982)

Este es el antecedente histórico más famoso y el de desenlace más traumático. El Banco Central implementó un sistema de devaluación preanunciada mediante un cronograma (popularmente llamado «La Tablita»). El gobierno fijaba de antemano cuánto iba a valer el dólar cada día, aumentando su precio muy por debajo de la inflación real, con el objetivo de anclar los precios. El resultado fue que el peso uruguayo se sobrevaluó de forma masiva y el país se volvió extremadamente caro en dólares. Esto incentivó un endeudamiento feroz de las familias y las empresas, que sacaban créditos en dólares porque estaban baratos. Al final, la situación se volvió insostenible debido a shocks externos. En noviembre de 1982, el Banco Central se quedó sin reservas para sostener el valor ficticio, «rompió la tablita» y el dólar se disparó un 100% en pocos días, desatando una quiebra masiva de bancos, empresas y familias endeudadas.

Al quebrarse la tablita, muchas empresas importadoras cerraron; particulares que habían comprado autos u otros bienes en cuotas en dólares no pudieron hacer frente a las cuotas. Los productos importados y las cuotas saltaron a más del doble y los salarios no. La gente cobraba sus salarios en pesos.

El anclaje cambiario de los años 90 (1990-2002)

Durante los gobiernos de Luis Alberto Lacalle y Julio María Sanguinetti se utilizó un sistema de bandas cambiarias para combatir la inflación de tres dígitos heredada de los años 80. El mecanismo fue el siguiente: el dólar podía flotar, pero solo dentro de un piso y un techo fijados por el Banco Central. El ritmo de devaluación del dólar volvió a ir más lento que los precios internos. El resultado fue que la inflación bajó de forma drástica a un dígito, el consumo explotó y viajar al exterior o comprar bienes importados era muy accesible, una situación similar a la de la Argentina del presidente Menem y su ministro de Economía, Domingo Cavallo. Sin embargo, el aparato productivo local sufrió un atraso cambiario crónico que minó la competitividad de las exportaciones. Este sistema resistió hasta que los vecinos devaluaron: primero Brasil, en 1999, y luego Argentina, con el colapso de la Convertibilidad a fines de 2001. Uruguay quedó totalmente desalineado y caro, lo que empujó al país a la crisis financiera y social del año 2002, cuando se debió abandonar la banda cambiaria para pasar a la libre flotación.

En estos años hubo récords de viajes al exterior, especialmente a los Estados Unidos, y compras de autos cero kilómetro. Muchos de esos autos no se terminaron de pagar y luego eran ofrecidos por automotoras por el saldo de los préstamos.

La bonanza de las commodities (2010-2014)

A diferencia de los dos períodos anteriores, este atraso cambiario no ocurrió por una regla fija del gobierno, sino por un shock de abundancia externa durante los gobiernos del Frente Amplio. El mundo demandaba materias primas a precios récord y la Reserva Federal de EE. UU. inundó el mercado global de dólares con tasas de interés en 0%, al contrario de lo que vimos en la última columna. El resultado fue que entraron a Uruguay en esos años cantidades masivas de dólares por exportaciones de soja y carne, sumado a la inversión extranjera directa (como la construcción de la planta de Montes del Plata, en Colonia). Al haber una oferta colosal de divisas, el dólar cayó a mínimos históricos (llegó a cotizar en el entorno de los $19). Esto encareció fuertemente nuestro país en dólares, pero el impacto fue amortiguado porque los precios de lo que Uruguay vendía afuera eran excepcionalmente altos. Cuando el superciclo de las materias primas terminó, en 2015, el dólar comenzó a subir gradualmente, sin generar una crisis abrupta, aunque dejó secuelas de pérdida de empleo industrial.

Como vimos en estos períodos históricos, aunque el atraso cambiario beneficia el consumo a corto plazo y plancha la inflación, si se prolonga demasiado tiempo termina pasando factura al empleo y a la viabilidad de los sectores que producen para el exterior.

Si bien Uruguay viene arrastrando problemas estructurales de competitividad y costos altos, es a partir del año 2022 que la cotización del dólar sufrió una caída abrupta frente al peso uruguayo —pasó de un promedio cercano a los $44 a principios de ese año a quebrar la barrera de los $39—, disociándose por completo de la inflación local. Son muchos años de atraso cambiario. Sus consecuencias negativas ya se notan en el sector exportador y en lo caro que es vivir e invertir en nuestro país. De la misma forma que el Uruguay logró cambiar la moneda en que se endeuda, ahora deberá buscar mecanismos para mitigar el atraso cambiario sin que se dispare la inflación.

Felipe Caorsi

Fuente: La Mañana (Uruguay)

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