En la reunión del Comité de Política Monetaria (COPOM) del jueves 8 de octubre, se debe retomar el camino de las reducciones en la TPM que con acierto se transitó en el verano pasado cuando se la redujo, entre finales de enero y comienzos de marzo, de 7,50% a 5,75%, lo que dio lugar a una mejoría de 5% en el tipo de cambio real extra regional.
Para fundamentarlo, hay dos datos relevantes.
Primero, el país está recibiendo un shock externo negativo y ante esa situación se debe propiciar la depreciación real de nuestra moneda.
Ese carácter negativo del shock se configura por el fuerte aumento de las tasas de interés y el mantenimiento del precio del petróleo en torno a los US$ 100. El aumento de los precios de las materias primas que exportamos tiene signo opuesto, positivo, pero es menor en comparación con los aspectos negativos señalados. Además, en el mundo se viene fortaleciendo el dólar.
Segundo, la economía crece poco y nada desde comienzos del año pasado e incluso su “núcleo” (sin el agro afectado por la sequía) mantiene el pobre crecimiento de apenas más de 1% anual de los últimos años, y no se esperan cambios sustanciales en ese sentido en el futuro previsible. Mientras tanto, las expectativas de inflación están bien ancladas en torno a la meta de 4,5% que es también en donde nos encontramos. ¿Qué se esperaría que hiciera la FED ante un panorama así?
Otros dos datos importantes.
Uno, en las últimas tres semanas, cuando se dio una apreciación global del dólar, en nuestro país éste se atrasó en 1,20 pesos con relación a una canasta de doce monedas, representativa del resto del mundo.
Dos, en esas mismas tres semanas la tasa media de las Letras de Regulación Monetaria (LRM) subió desde 5,96% a 6,12%, aumentando en ocho de las nueve licitaciones y alejándose de la TPM (5,75%). Es claro que esto se dio dentro de la regla que el BCU se auto impuso que le permite emitir Letras netas por hasta un 20% de los vencimientos semanales, pero esa regla (que fija un máximo y no un mínimo) no le impide emitir menos de lo que vence para no validar tasas más altas. Ha venido emitiendo menos, pero podría se aún más expansivo.
En definitiva, hay argumentos sólidos para que el BCU reduzca la TPM y ajuste a la baja las tasas de las LRM, que son bastante más importantes que aquella. Y para que, de ese modo, esta vez el BCU no propicie que el peso vaya contra la corriente, afectando todavía más a la menguada competitividad de la economía.
Javier de Haedo
Fuente: Economía para todos (Uruguay)

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