31 de octubre, ¿truco o trato? - por Felipe Caorsi

El origen histórico de Halloween se remonta a hace más de 2.000 años en el antiguo festival celta de Samhain (pronunciado "sow-in"). Esta festividad marcaba el final de la cosecha y el inicio del invierno, una época que los celtas asociaban estrechamente con la muerte.

Los antiguos celtas, que habitaban en las regiones que hoy serían Irlanda, Gran Bretaña y el norte de Francia, celebraban su año nuevo el 1 de noviembre. Creían que la noche anterior, el 31 de octubre, los límites entre el mundo de los vivos y el de los muertos se desdibujaban y los espíritus regresaban a la Tierra.

Para protegerse, los sacerdotes celtas (druidas) encendían enormes hogueras sagradas, mientras que la gente usaba disfraces hechos de cabezas y pieles de animales para ahuyentar o confundir a los espíritus malignos.

Una vez que Constantino legaliza y Todosio impone en todo el Imperio Romano la religión católica cómo única, las tradiciones locales comenzaron a fusionarse con el calendario católico.  En el siglo VII, el Papa Bonifacio IV estableció el "Día de Todos los Santos", que más tarde el Papa Gregorio IV trasladó del 13 de mayo al 1 de noviembre. A la víspera de esta fiesta religiosa se denominó en inglés antiguo All Hallows' Eve (Víspera de Todos los Santos), término que con el tiempo se contrajo hasta convertirse en la palabra Halloween.

A partir de 1845, cuando se da la gran hambruna de la papa en Irlanda, muchos ciudadanos emigraron a los Estados Unidos y con ellos esta festividad. La misma fue tomando costumbres locales, por ejemplo, se sustituyeron los nabos que se tallaban en Irlanda por las calabazas, un fruto mucho más abundante en los Estados Unidos.

El origen del truco o trato, era una forma de los comerciantes de frenar las bromas pesadas de desfiles celebrando la noche de Halloween. La frase apareció por primera vez en la prensa canadiense en 1927.

Según el folclore irlandés, un herrero astuto, borracho y miserable llamado "Jack el tacaño" invitó al diablo a tomar una copa. Fiel a su naturaleza, Jack no quiso pagar, así que convenció al diablo de convertirse en una moneda para saldar la cuenta. En lugar de pagar, Jack guardó la moneda en su bolsillo junto a una cruz de plata, impidiendo que el diablo regresara a su forma original.
Jack lo liberó bajo una condición: que no lo molestara en un año y que, si moría, no reclamara su alma.
Al año siguiente, Jack volvió a engañar al diablo haciéndolo subir a un árbol para recoger fruta y tallando una cruz en el tronco para atraparlo. Esta vez le exigió diez años de paz.

Cuando Jack murió, no pudo entrar al cielo por haber sido un hombre malvado, pero el diablo, cumpliendo su promesa, tampoco lo aceptó en el infierno. Jack quedó condenado a deambular eternamente en las tinieblas del limbo. Al quejarse de la oscuridad, el diablo le lanzó una brasa del fuego del infierno que nunca se apagaría. Jack la colocó dentro de un nabo hueco que llevaba consigo para usarlo como linterna. Como vimos antes, ese nabo fue cambiado por una calabaza en Estados Unidos y Canadá.

Recuerdo hace unos veinte años ver videos de mis primos en Miami pedir golosinas en el complejo donde vivían, no entendía mucho eso de "Trick or treat" y los disfraces. A esta hora, hoy,  están mis hijos buscando golosinas con calaberas de plástico y de cartón con otros niños. Yo estoy destrás de la puerta esperando que me toquen timbre, tengo una bolsa con chupetines, caramelos y sobres de golosinas.

Felipe Caorsi

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