CARTA ABIERTA AL MINISTRO DE DESARROLLO SOCIAL - por Mariela Antiga Bovio


 ​Señor Ministro Gonzalo Civila:

​Me dirijo a usted para expresar mi repudio absoluto y tajante ante la aberración lingüística e ideológica que su gestión está imponiendo al utilizar el término "personas menstruantes" para referirse a las mujeres.

​Usted, desde su cargo público, tiene la obligación de respetar a los ciudadanos, y llamarnos de esa manera es un atropello a nuestra identidad que no estamos dispuestas a tolerar. Le exijo que escuche las siguientes razones por las cuales su postura es una ofensa a la realidad:

​La mujer no es un proceso fisiológico: Reducirnos a una función biológica como la menstruación es deshumanizante y misógino. Somos mujeres desde que nacemos hasta que morimos. Su terminología nos trata como "máquinas biológicas" y no como seres humanos integrales.

​¿Dónde quedan las niñas y las abuelas?: Al usar ese término, usted borra de un plumazo a las niñas que aún no han menstruado y a las mujeres mayores que ya pasaron la menopausia. Para su Ministerio, ¿esas mujeres dejan de existir o de ser dignas de nombre? Es una contradicción total que, en nombre de la "inclusión", usted termine excluyendo a millones de mujeres por su edad.

​Basta de experimentos académicos: La realidad material de las mujeres no puede ser reemplazada por teorías "progresistas" de laboratorio que nadie en la calle pide ni acepta. Somos MUJERES, una categoría biológica y social clara, no un concepto maleable para quedar bien con agendas ideológicas.

​Falta de respeto a la dignidad: Es un acto de soberbia y una falta de vergüenza intentar redefinir quiénes somos a través de una canasta de ayuda. La ayuda social es un derecho, pero no le da derecho a usted a borrarnos el nombre.

​Ministro: No somos "personas menstruantes". Somos MUJERES.

​Le exijo que rectifique de inmediato este vocabulario en todas las comunicaciones oficiales de su cartera. El respeto a la mujer comienza por reconocer su nombre y su existencia plena, sin fragmentaciones ni etiquetas humillantes.

​ATENTAMENTE,

Mariela Antiga Bovio

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